Ecología teológica 

 

Introducción

El término ecología viene del griego Oikos = hogar, casa, y Logos = conocimiento:

Es la ciencia que estudia a los seres vivos, su ambiente, la distribución, abundancia, y cómo esas propiedades son afectadas por la interacción entre los organismos y su hábitat.

 

Otra definición podría ser expuesta sobre la base de la siguiente consideración:

La ecología es la especialidad científica centrada en el estudio y análisis del vínculo que surge entre los seres vivos y el entorno que los rodea, entendido como la combinación de los factores a-bióticos (clima, geología) y los factores bióticos (organismos que comparten el hábitat).

En los escritos sobre ecología y teología se realizan exhaustivos análisis sobre la situación de la conservación del equilibrio ecológico y especialmente sobre la incidencia de la especie humana en esta realidad. Como consecuencia de ello se realizan planteamientos éticos que se desprenden de las Sagradas Escrituras en el sentido de la responsabilidad del hombre en la conservación del oikos (casa) o medio ambiente en donde le toca actuar y desarrollarse. Según esto, se trata de aproximaciones antropocéntricas y no teocéntricas; es decir, de la incidencia del hombre sobre la naturaleza. Esto implica la violación del “pacto” de equilibrio que hay entre el disfrute de la naturaleza por parte del ser humano, y la propia naturaleza, que queda afectada por la intervención desproporcionada a su capacidad de otorgar frutos. Y, como consecuencia del avasallamiento de la naturaleza, la vida humana en la Tierra está en riesgo.

Un ejemplo de esto, se encuentra en documento de Aparecida[1]:

“Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que D’s mismo estableció entre las realidades creadas es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida”

Según esta declaración, todo atentado a la ecología del planeta tiene un solo resultado teológico: “una ofensa contra el creador”. Esta es una posición antropocéntrica, en donde el Creador permanecería pasivo ante esta ofensa. Aquí se pone el acento en la ofensa misma y no en la posible reacción del Creador contra aquellos que lo ofenden, o sea, contra aquella parte de la creación que es el ser humano.

La ecología teológica debería ser ante todo teocéntrica, o sea, centrarse en cómo el hombre viola o respeta los mandamientos divinos y provoca la reacción de D’s, quien pondrá a la naturaleza en contra o a favor del hombre ya pecador ya respetuoso. Desde la perspectiva teológica el oikos no es propiedad del hombre, sino de D’s, quien se lo entrega para que lo cuide y disfrute según sus mandamientos. D’s castiga a los hombres (y quizás mejor decir a los pueblos o naciones) que violan las reglas (o mandamientos) de convivencia con el medio ambiente.

Este trabajo consiste en considerar el aspecto de las SE en tanto fuente de instrucciones divinas en la conservación ecológica del mundo y de la relación entre el mandato divino y la supervivencia de los pueblos.

En la mayoría de los estudios relacionados con este tema, los autores, teólogos monoteístas, se limitan a predicar el cuidado de la naturaleza en tanto una preparación y condición de la salvación del mundo, o sea, del hombre y su oikos. También resaltan los contenidos éticos de esta finalidad de conservación en las religiones y dejan afuera a D’s mismo y a sus enseñanzas y prohibiciones ético-teológicas referidas a la conservación de la Tierra a fin de evitar que el planeta castigue a sus habitantes.

La ética ecológica no solo debe ser vista como una actitud humana con respecto a la naturaleza, sino, también, como un modo de respetar la ética teológica del judeo-cristianismo, o sea, de los mandamientos divinos. ¿Tiene el amor al prójimo consecuencias ecológicas? No se puede argumentar, por ejemplo, que el desmonte de las selvas amazónicas (verdadero pulmón del mundo) constituya un acto de amor al prójimo aun cuando se realice para producir soja que sirve de alimento para la humanidad. Por el contrario, debe ser considerado como un acto de destrucción del medio ambiente. Al igual que la minería a cielo abierto, persigue solamente la consecución de beneficios económicos. Lo correcto sería buscar alternativas que, aunque menos rentables, resulten menos perniciosas para el medio.

Así se tiene que en el AT, el cumplimiento del mandamiento divino para la salvación del hombre incluye la conservación de la tierra y del medio ambiente asignado, especialmente a Israel. Por ej.: “Shnat Shmita” o descanso de la tierra (de Israel) cada siete años, cumplimiento de mandamientos éticos en la Tierra de Israel. La conexión de las festividades religiosas con acontecimientos agrícolas, como Pesaj (la Pascua) con la cosecha de la cebada, Shavout (Pentecostés) con la cosecha del trigo (se lee el libro de Rut, que está íntimamente relacionado con la cosecha del trigo) y Sucot (la fiesta de las cabañas) en donde se vive durante siete días en cabañas, y para estar, también, en mayor contacto con la naturaleza.

 

 

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Una forma de encarar la relación entre teología y ecología consiste en considerar las instrucciones divinas que recibe el hombre respecto de cuidar y responsabilizarse del medio ambiente en el lugar u hogar (oikos) en donde le toca vivir, ya sea un lugar específico o el mundo entero, partiendo de la comprensión que cualquier daño al medio ambiente local tiene influencia y proyecciones universales. Se entiende por daño a conductas no acordes a las instrucciones u órdenes divinas, ya que pecar significa no cumplir con el o los mandamientos de D’s (y de sus estatutos y ordenanzas) debido al debilitamiento de la fe en el Creador. Según esto es posible considerar el “pecado original” como un pecado ecológico, puesto que se atentó contra la naturaleza, en el sentido de la esencia misma del Jardín del Edén:

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.  Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;  mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn.2:15-17).

Como consecuencia de la violación de la prohibición, o ley divina, el primer hombre y su mujer tuvieron que ser expulsados de la ecología del Jardín del Edén para que no comieran del “árbol de la vida” (Gn.3:22) y vivieran eternamente con la mancha del pecado, en un medio ambiente que no puede soportar la existencia del pecado por el peligro que implica posibilitar  que se adquiera vida eterna y no con la pureza e inocencia en su estado de antes de pecar, o sea, que se eternalice al pecado y no pueda haber redención ni restauración. La expulsión de la primera pareja del Jardín del Edén a un medio ambiente menos puro, la del Edén, que es exterior a “su” jardín, tendría, también un fin pedagógico, o sea, reeducar a Adán para que, haciendo uso del mismo libre albedrío que usó para pecar, lo utilice, esta vez, para redimirse, o sea, se restaure a su estado anterior al pecado y así poder retornar a la tierra o “Adama” de la que fue tomado (Gn.3:19).

Desde otro punto de vista, se puede decir que la vida o calidad de vida de un ser viviente está directamente relacionada con el medio en el que vive. El Jardín del Edén corresponde a una ecología en donde la vida existía sin la mancha del pecado, es decir, con la total obediencia al mandamiento divino, y este medio ambiente expulsa, o mejor dicho, vomita al pecado y sus poseedores a otra ecología, menos elevada, que los pueda soportar como infractores de la ley de D’s (Gn.2:16-17). Adán y Eva son expulsados del Jardín del Edén al Edén, y en este lugar engendran a Caín y a Abel. El Jardín del Edén es un medio para seres eternos, mientras que el Edén ya puede soportar seres mortales.

Cuando Caín mata a Abel, su hermano, no puede permanecer más en el Edén porque está maldito “de la tierra (min ha-Adána) que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano” (Gn.4:11). Según esto, el Edén puede recibir la sangre de un muerto, pero no puede soportar la presencia de un asesino.

Y dijo Caín a J.: “Grande es mi castigo (mi infracción o mi pecado en hebreo) para ser soportado (Gádol avoni minso). (Gn.4:13)…

He aquí me echas de la tierra (Ha-Adama) y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra (ba-aretz)”. (Gn.4:14).

Caín es así expulsado de la tierra (Adama) del Edén a otra tierra (Aretz) en donde será errante y extranjero. Será extranjero en una tierra (Aretz) en la que no nació y a la que no pertenece. Caín está maldito “en la tierra (Adama) que abrió su boca…”, o sea, de la tierra (Adama) del Edén, y es expulsado a una tierra inferior (Aretz) en la cual no estaría maldito.

Según este relato de los primeros capítulos del Génesis (2 a 4), los pecados cometidos, condujeron a Adán y a su descendencia, Caín, a una doble caída, es decir, a otras dos ecologías más degradadas que la del Jardín del Edén: el Edén y la Tierra. Esta degradación significó para Adán convertirse en mortal (él y su descendencia) y perder el conocimiento de la verdad (cuando comía del árbol de la vida).

En el Tanaj o Antiguo Testamento, aparte del relato del Génesis que se acaba de ver, se puede considerar, también, que el plan divino de redención del mundo, desde la perspectiva ecológica, está directamente relacionado al cumplimiento de la Ley y su influencia en el medio ambiente, especialmente de la Tierra de Israel que D’s entrega al Pueblo de Israel. La ley es el instrumento que D’s entrega al hombre para vivir eternamente y luego del pecado, para restaurar las consecuencias de este.

Ya al comienzo mismo de la Biblia, D’s enseña al hombre que el incumplimiento de sus mandamientos influye sobre el medio ambiente en donde vive y que, como consecuencia de tales incumplimientos, de una ecología divina muy elevada se caerá a otras más degradadas. D’s y el medio ambiente expulsan a sus moradores a ecologías inferiores en “divinidad”, o sea, más alejadas de D’s, que los pueda soportar en el nivel de impureza o de pecado en que han caído, para trabajar por su redención y volver al polvo de la tierra (Adama) de la que fue tomado (Gn.3:19). Volver al polvo de la Adama de la que fue tomado, no significa la muerte del hombre, sino el regreso a la ecología de la que fue tomado, o sea, al Jardín del Edén.

En otras palabras, cuando el hombre ha afectado su parte divina por la impureza del pecado y no puede dominar a su parte infractora, es expulsado, o mejor dicho, vomitado por la tierra pura de pecados que ya no puede contenerlo.

No obstante, el medio ambiente sagrado que expulsó al hombre de su entorno, también queda afectado por el pecado de este, aunque más no sea por su ausencia, o sea, que queda carente de por lo menos una especie: la humana. Resulta así que es tarea y deber del hombre recomponer la ecología, su oikos sagrado, purificándose a través del cumplimiento de los mandamientos divinos para poder restaurar la tierra afectada por su transgresión.

La redención de la Tierra (Adána-Aretz) debe realizarse por hombres redimidos, libres de las contaminaciones del pecado. Más adelante, en el libro de Éxodo, leemos que D’s libera al pueblo de Israel de la impureza de la idolatría egipcia para entregarles una tierra que deberán purificar mediante la expulsión de los pueblos idólatras y cumpliendo con la ley del Sinaí:

…y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.  Éx.3:8

En el capítulo seis, D’s enseña:

… os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Jehová. Éx.6:8

D’s promete a Israel la posesión de una tierra que debe ser purificada totalmente y que es también la realización de la promesa que hizo a Abraham y a su descendencia, al mismo tiempo que expulsa a los pueblos que la impurifican, como ya se desarrollará más adelante.

 

En el capítulo 9, el Señor aplica un castigo ecológico a los egipcios, porque su líder no acata una orden divina a pesar de su reconocimiento al D’s de Israel:

Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.  Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra. Éx.9:28-29

 

Si el Faraón hubiese persistido en la fe en el D’s de Israel y hubiese cumplido con el mandamiento de liberar al pueblo de Israel, se habría salvado de todos los castigos ecológicos que sufrió.

Por otra parte, en el rezo diario de los judíos, en la segunda parte de la proclamación del Escucha, Israel…, se recuerda la advertencia divina si no se cumplen los mandamientos de la Ley de Sinaí:

Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y te saciarás. Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová. Dt.11:13-17.

En el final del Deuteronomio, D’s reitera a Moisés la promesa de la Tierra a los descendientes de los patriarcas y que Moisés ve desde el Monte Nebó, antes de morir:

Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.  Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Dt.34:4-5.

 

Con la restauración del Reino a Israel (Hch.1:6) y del mundo, D’s promete la creación de un mundo ecológicamente perfecto e incorruptible.

Así se tiene, por ejemplo, que en Isaías 65:16-18, se lee:

El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos. Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.  Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Is.65:16-18 (Ap.21:1-3; 2P.3:18).

La Tierra Santa está santa o santificada cuando el pueblo de Israel está en ella cumpliendo con la Ley de D’s.

Así resulta que el Jardín del Edén y la Tierra Santa están incompletas, imperfectas, carenciadas, mientras que a la primera le falta el hombre (Adán) y a la segunda, el pueblo (de Israel). Según esto se puede comprender ya, con más claridad, que la restauración de la Tierra Santa o Tierra de Israel (Eretz Israel) requiere del regreso del pueblo de Israel en sus doce tribus, a su seno, para que cumpla con la Ley de D’s. De la misma forma, la restauración del Jardín del Edén y del Edén depende del regreso de Adán, purificado ya de su pecado.

Ciertamente que estas dos restauraciones constituyen dos aspectos del mismo acontecimiento, puesto que una restauración es espiritual: la del Jardín del Edén y del Edén, y la otra es física (material), o sea, la de la Tierra de Israel y de su pueblo en ella (el pueblo de Israel). Este proceso de restauración, desde su mismo comienzo, ilumina ya con su luz al resto del mundo y del universo, es decir, que esta restauración influye sobre toda la creación.

Un ejemplo de las consecuencias de esta redención está en Isaías 56:7, cuando el Templo de Jerusalem es llamado “casa de oración”:

…yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.  Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados. Is.56:7-8.

Será en este lugar donde todas las naciones de la Tierra vendrán a orar, y si alguna nación no viniera algún año a orar en el Templo, habrá sequía en toda su tierra (nuevamente un castigo ecológico):

Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos.  Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos. Zac.14:16-19.

Este es otro ejemplo de que el incumplimiento del mandato divino por parte de todas las naciones (subir a Jerusalem y su Templo, una vez al año) posee connotaciones ecológicas negativas, como castigo a la nación que infringirá la Ley [Is.56:6-8 (cf.Mt21:13; Mr.11:17)].

                                                     

 

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En este capítulo, se realizarán interpretaciones de algunas partes relevantes de las SE.

Se comenzará con Levítico 18:

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios.  No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos.  Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios.  Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.  Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová.  La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez.  … En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros,  y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.  Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada);  no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo.  Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios. Lv.18:1-7; 24-30. (Las negritas son el autor).

Una observación al margen, antes de comenzar con el análisis de este capítulo del Deuteronomio, se recuerda que esta parte de la Biblia forma parte de la oración de Yom Kipur.

En 18:19 el texto se refiere a personas particulares que cometan estos pecados; en este caso, el castigo de este individuo consistirá en que será cortado de su pueblo.

Según la tradición judía, “mis estatutos (jucotai)” (18:26) se refieren a las prohiciones relacionadas con las relaciones incestuosas y “mis ordenanzas (mishpatai)” (ibíd.), se refieren a las condenas que se deberán aplicar a los transgresores de los estatutos (ver por ej. Jizcuni sobre Lv.18:26.).

En Lv.18:24 queda claro que estas abominaciones eran cometidas por las naciones y no por individuos o grupos marginales. De esa manera, provocaban que el juicio divino hiciera que la tierra los vomitara.

Es importante recalcar que esta tierra (La Tierra Santa o Tierra prometida) posee condiciones de pureza que no existen fuera de ella, ya que, aparentemente, no hay una condena a los habitantes de otros lugares del planeta, en el sentido de que sean expulsados o vomitados de su tierra por haber cometido aberraciones.

En un primer análisis, este capítulo de Éxodo puede ser dividido en tres partes:

1) De 1 a 5: aparte de ser una advertencia general a los hijos de Israel sobre las costumbres abominables para la moral monoteísta, como la que tenían los egipcios y los moradores de la tierra de Canaán que D’s entrega a Israel por heredad, D’s también ordena al pueblo que realicen sus ordenanzas (mishpatai) y guarden sus estatutos (jucotai).

2) En una segunda etapa, entre 6 y 18, D’s detalla las abominaciones que no se deberán cometer. Según esto, estas acciones prohibidas serían las únicas causantes de que los habitantes de esta Tierra fueran expulsados de ella. Por otro lado, el pueblo de Israel debe también guardar las ordenanzas y estatutos de la Torá.

3) Por último, entre 24 a 28, D’s advierte por segunda vez en este capítulo del Génesis al pueblo de Israel, antes de que entraran a conquistar la tierra de Canaán, a fin de que no fueran vomitados por la Tierra Santa, como lo habían sido los moradores que la habitaron “antes de vosotros”, y los condiciona, también, a guardar sus estatutos y ordenanzas.

Debe tenerse en cuenta, además, que la expulsión de la casa de Israel (o Reino de Israel) en el año 722 aC, por el imperio asirio, y de la casa de Judá en el 586 aC, por el imperio babilónico, se debió a la comisión del pecado de idolatría, es decir, no guardaron los estatutos y ordenanzas (miapatai ve jucotai), y no por haber realizado las abominaciones detalladas en este capítulo del libro del Levítico18 (VaIkrá).

Con el actual comienzo del retorno del pueblo de Israel a su tierra (la Tierra de Israel), ciertamente que no se cometen las abominaciones detalladas en Lv.18, aunque puedan existir casos aislados y extremadamente excepcionales de algunas de estas abominaciones y tampoco  se violan en forma masiva los estatutos y las ordenanzas.

El Rab. Jacob Moshe Bergman explica que si bien el exilio es consecuencia de los pecados del pueblo, la expulsión de este de la tierra de Israel no se produce por cualquier pecado, sino únicamente por los pecados de idolatría, de derramamiento de sangre, por incesto y por no cumplir con el “descanso de la tierra, cada siete años” (Shmitá), tal como figura en el Talmud Babli, Mishna, Tratado Abot, cap. 5. “solamente por cualquiera de estos cuatro pecados, la tierra vomita a sus habitantes”[2].

Sin embargo, el Ramban (Rabi Moshe ben Najmán, o más conocido en castellano como Najmanides) limita los pecados del pueblo que provocan que la tierra (de Israel) vomite a sus habitantes a solamente dos: la idolatría y las relaciones incestuosas[3].

En general, se puede afirmar, sin lugar a dudas, que no existen las condiciones acerca del detalle de Lv.18, que pueda justificar de alguna manera la expulsión del pueblo judío de la Tierra de Israel.

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Otro ejemplo de lo que se está exponiendo consiste en que antes de entrar a conquistar la tierra de Canaán, D’s le advierte al pueblo acerca de las condiciones que deberán respetar para poseer la tierra que J´ juró que les daría a Abraham, a Isaac y a Jacob:

…porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.  Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,  yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.  A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;  amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar. Dt.30:16-20

Aquí está, también, sumamente clara la relación entre el cumplimiento de las ordenanzas de D’s expresadas en sus mandamientos y sus estatutos con la posesión de la Tierra Santa, que solo puede contener a un pueblo lo suficientemente limpio de pecados. El texto también advierte que el alejamiento de D’s, expresado en la falta del cumplimiento de sus ordenanzas y estatutos y la caída en la idolatría, traerá como consecuencia la expulsión del pueblo (o parte de él: casa de Israel y casa de Judá) de la Tierra que D’s le entrega en heredad. Se tiene, pues, un ejemplo más acerca de que pecar contra D’s en la Tierra que D’s da al pueblo de Israel, posee consecuencias ecológicas. La Tierra Santa exige de sus habitantes una pureza ética y cultual transmitida al pueblo de Israel con el recibimiento de la Ley en el Sinaí.

Las condiciones ecológicas de la Tierra de Israel o Tierra Santa, donde D’s pondrá su morada, son diferentes a las demás tierras del planeta que están más disponibles a aceptar la idolatría, o mejor dicho, a pueblos idólatras, por el momento.

Así como la ecología del Jardín del Edén, igualmente la Tierra de Israel solo puede albergar a habitantes que cumplan con el mandato de D’s. Los pueblos idólatras que habitaron la tierra de Canaán fueron expulsados de ella, y esta fue entregada a un pueblo elegido por D’s y que fue preparado para habitarla y protegerla. Las caídas de este pueblo en la falta de cumplimiento de los estatutos y ordenanzas que D’s le entregó en el Sinaí, si bien provocaron su expulsión de la Tierra, significaron solo para la casa de Israel, y no para la casa de Judá, la pérdida de la condición de Pueblo de D’s o Pueblo Elegido. Sin embargo, tendrá la posibilidad de restaurar su pecado y regresar a esta por un camino diferente al de la casa de Judá.

Debe quedar claro que la impureza de un pueblo tiene que ver con la idolatría y todas las prácticas que de ella surgen, como ya se vio en las observaciones al capítulo 18 del libro del Levítico (VaIkrá) y también, como se lee en la perícopa que se está citando (Dt.30:16-20).

Mientras el pueblo de Israel mantenga la fe en el D’s de Israel y no cometa las aberraciones detalladas en Lv.18, y guarde sus mandamientos, estatutos y decretos, gozará de todos los bienes de esta tierra: La Tierra Prometida o Tierra de Israel.

El pueblo de Israel en la Tierra de Israel (Admat Israel), equivaldría al tikún (restauración) de Adán en el Jardín del Edén. El regreso del pueblo de Israel a la Tierra de Israel (aquí abajo) es también imprescindible para el tikún del Jardín del Edén arriba y para la unión de ambos, o sea, la unión de la Jerusalem celestial: “de arriba” con la Jerusalem terrena (de abajo). Con esta unión se realizaría la creación de “los nuevos cielos y nueva Tierra”:

Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.  Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. Is.65:17-19.

Y también:

… las costas lejanas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones.  Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová.  Y tomaré también de ellos para sacerdotes y levitas, dice Jehová. Is.66:19-21.

El NT también es explícito sobre este tema:

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 2Pd.3:18.

Según esto, en esta ecología nueva y pura de “cielos nuevos y nueva tierra” también “mora la justicia” y no hay lugar para la injusticia. La justicia significa guardar los mandamientos divinos: esto está relacionado con Jeremías 31:31, en donde se lee que la nueva alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá no podrá ser infringida y, por consiguiente, su permanencia en la ecología de los nuevos cielos y nueva tierra será eterna.

Igualmente se lee en el libro del Apocalipsis:

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Ap.21:1-3.

Aquí se debe aclarar que cuando D’s dice “serán su pueblo” se refiere a todo el pueblo de Israel compuesto por sus tres partes: la casa de Judá, la casa de Israel y los gentiles, puesto que antes de la venida de Jesús y de la acción misionera de sus apóstoles, D’s solo era D’s para la casa de Judá únicamente.

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En lo que se refiere a la conducta humana y a su incidencia en el medio ambiente, Pablo enseña en la epístola a los Romanos:

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Ro.8:19-22 (Las negritas son del autor)

Ante todo, Pablo esta aquí enseñando acerca de la simbiosis que existe entre todas las partes de la creación. Toda la creación es un ser vivo, y cuando una parte no funciona bien, es decir, cuando el hombre no cumple con los mandamientos divinos, el “castigo” o los sufrimientos causados por la violación del pacto entre D’s y los hombres (responsables de cuidar al resto de la creación) no son solo para el hombre, sino para toda la creación. Con otras palabras, si la creación conforma un cuerpo completo, y los hombres son una parte de él, el pecado humano afecta a todo el cuerpo, aunque esto no pueda ser observado a corto plazo, y no comprendido por poseer concepciones o ideas equivocadas acerca de la relación o unión simbiótica entre el hombre y el medio en donde vive. Esto es así, por lo menos, desde el punto de vista teológico judeo-cristiano.

Continuando con esta línea de pensamiento, el apóstol es muy claro en lo que se refiere a “la corrupción” de los hombres, que tiene como consecuencia la “esclavitud” (degradación, impurificación) de la creación, o sea, del oikos (hogar y, por extensión, medio ambiente).

Por consiguiente, la redención del mundo, o sea, del hombre y su oikos, también debe pasar por un proceso de purificación, a través de una convulsión del medio ambiente, que limpiará a la tierra de la impureza del pecado humano y de sus consecuencias en toda la creación. El evangelio de Mateo es muy didáctico al respecto:

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntará a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Mt.24:9; 30-39 (Mr.13:7-8; Lc.21:9-11).

Antes de finalizar, es importante resolver un malentendido en la interpretación cristiana en la epístola a los gálatas:

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.  Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Gál.3:16-17.

Aquí Pablo enseña acerca de las promesas que fueron hechas a Abraham (en el AT dice Abram) y su simiente.

Según Gn.12:7[4], esta promesa (y juramento) consiste en un territorio muy específico: la Tierra de Israel.

Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.  Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.
Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.
Gn.12:6-8

Siendo esto así, Gl.3:17-18 no presenta ninguna contradicción con el judaísmo, ni tampoco esta declaración constituye una invalidación de la ley (“que fue ordenada 430 años después”), ya que hay que diferenciar entre la promesa que es por la fe y las condiciones requeridas para que la perpetuación de la promesa pueda tener lugar. El cumplimiento de la ley tiene por función crear las conductas apropiadas y las condiciones para que las promesas puedan ser perpetuadas y para que la descendencia de Abraham viva en la Tierra Prometida eternamente y no sean vomitados por ella, como ya se vio por ejemplo, en Lv,18 en donde se relata cómo la tierra vomita a los pueblos que la habitaban, antes de que sea entregada al pueblo de Israel: la descendencia (o más bien, la simiente de Abraham: “en Isaac te será llamada simiente” Gn.21,12; Ro.9,7) de Abraham.

Es importante comprender que la promesa de la tierra que fue dada a Abraham por su fe no está en contradicción con la ley de Sinaí o Antigua Alianza; tienen funciones diferentes, por así decirlo; es decir, la fe es condición para recibir la Tierra, y el cumplimiento de la ley, por el momento, es condición para permanecer en ella.

El pacto que D’s hace con Abraham (Abram) para recibir la Tierra (Prometida) está en Gn.15: 17-21:

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.  En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates;  la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas,  los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.Gn.15:17-21

De lo aquí expuesto se pueden sacar conclusiones prácticas con respecto a la necesidad de cuidar el medio ambiente en que se vive, desde el punto de vista de la teología ecológica. D’s advierte que sufrirán castigo ecológicos todos aquellos hombres que no suban a Jerusalem todos los años a adorar en el Templo de D’s. Además, previene a Israel en particular respecto de la expulsión de la Tierra de Israel si no cumple con sus estatutos y ordenanzas ((חוקותי ומשפתי. Aimismo, les advierte sobre no cometer los cuatro pecados capitales: derramamiento de sangre, idolatría, incesto y no hacer descansar a la tierra en el séptimo año (Shnat Shmitá). En otras palabras, se debe comprender que los estándares de cumplimiento de las instrucciones divinas son mucho más altos en la Tierra Santa que en otras partes del mundo.

Es fundamental comenzar a comprender que la actitud del oikos ante una actitud humana negativa es reacción, no solamente, de autodefensa o autoconservación, sino también, un “castigo” divino a conductas humanas contrarias a las enseñanzas divinas.

Por consiguiente, los esfuerzos de conservación del mundo en que se vive es condición necesaria, pero no es, de ninguna manera, suficiente, ya que se deben cuidar tanto las relaciones entre los hombres, como entre estos y D’s (Mr.12:29-31), o sea, cuidar y ejecutar a los mandamientos de D’s.

Resulta vital empezar a tomar conciencia de que el cumplimiento ético del cuidado del equilibrio entre lo biótico y lo abiótico no es condición suficiente para cuidar del planeta en que vivimos, sino que también es condición necesaria el cumplimiento de los mandamientos que D’s da a los hombres creados a su imagen y semejanza, y que están claramente explicitados en el judeo cristianismo. Si no se cumple con esos mandamientos de la voluntad divina en su plan de restauración y redención, el hombre será castigado.

Por otro lado, se debe comprender que la redención no es solo la del Hombre sino también la de toda la creación. Isaías enseña:

Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. Is.65:17-19.

 

Como ya se vio, también los textos que los evangelistas sinópticos extraen de Isaías poseen la misma enseñanza acerca de la superación de este mundo por un nuevo mundo o Mundo por Venir. Según esto, la redención consiste en la transformación no solo del hombre, como se lee claramente en 1Co.15:51:

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.1Co.15:50-53.

Se debe tener siempre en cuenta que la Tierra de Israel o Tierra Santa tiene un status o una calidad diferente a las demás partes del mundo, y dentro de esta Tierra el monte del Templo en Jerusalem posee una calidad más elevada que la Tierra de Israel. Según esto, se pueden equiparar las partes de dos tríadas:

Jardín del Edén (Adama)                       Edén (Adama)                       Tierra (Aretz)

Templo (En el Mt. del Templo)               Tierra de Israel                      El mundo (Aretz)

 

La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin. Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y te saciarás. Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová. Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.

Dt.11:11-18

Por último, se traen tres ejemplos bíblicos acerca de castigos ecológicos como consecuencia de no cumplir con la voluntad de D”s, son:

  • El Diluvio es consecuencia de un comportamiento caótico por parte de la humanidad existente:

11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.

12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Gn.6,11-13

  • Las plagas de Egipto son consecuencia de no cumplir con la voluntad de D”s de liberar al pueblo de Israel ((שלך את עמי, por ej.:

 Y dijo Moisés al faraón:

— Esto dice el Señor: A eso de la medianoche pasaré a través de Egipto y todos los primogénitos egipcios morirán, desde el primogénito del faraón, su heredero, hasta el primogénito de la sierva que muele en el molino; y lo mismo sucederá con las primeras crías del ganado Entonces resonarán en todo Egipto gritos de desolación, como nunca los hubo ni los habrá jamás. Pero en lo que se refiere a Israel, se trate de personas o de animales, ni un perro les ladrará, para que ustedes reconozcan que el Señor ha tratado de modo diferente a egipcios e israelitas. Entonces, vendrán a verme tus cortesanos que de rodillas me dirán: “Márchate con todo el pueblo que te sigue”. Después de esto me marcharé.

  • Lo mismo ocurre en el caso de Sodoma y Gomorra:

24 Entonces el Señor desde el cielo hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. 25 Y destruyó estas ciudades y toda la llanura, todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del campo.

Gn.19,24-25

La diferencia en los castigos por los pecados dentro de la Tierra de Israel y de los cometidos fuera de ella, esta que en el caso del diluvio de Sodoma y Gomorra y de las plagas de Egipto, se castiga principalmente la ecología del lugar y con las consecuencias humanas en cada caso.

En el caso de Adam en el Jardín del Edén y luego en el Edén, y los pueblos que habitaban la tierra Santa (Canaán e Israel), el territorio no se convulsiona, sino que sus habitantes son expulsados o como dice el texto “vomitados” .

No obstante, para el fin de los días, en el momento de la redención, también, está profetizada una conmoción ecológica en Jerusalem, como lo relata el profeta Zacarías:

Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla.

Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.

                                                                          Zac.14,3-4

Sin embargo, este acontecimiento ecológico profetizado por Zacarías es parte de la redención del mundo, puesto que:

Y acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura.

Será un día, el cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.

Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.

Zac. 14,6-9

Amén, que así sea.

 

 

 

 

 

 

[1]Documento del CELAM  (Consejo Episcopal Latinoamerica), Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en  Aparecida 13-31 de mayo 2007, cap.3.5 (125).

[2] Bergman, Jacob Moshe, El Estado Judío. Jerusalem. 2002. Edición privada, pág.76.

 

[3] Ibíd. pág.77.

[4] Ver también, por ej.: Gn.34:4; Dt.10:11-,21; 31:7; 24 y Hech.7:1-5.

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